domingo, 16 de noviembre de 2008

TÚ ERES LA CAUSA DE TU BUENA SUERTE

Hola de nuevo, hace aproximadamente un año que no escribo y a causa de de los últimos comentarios ofensivos dejé de poner público mi blog. Supongo que esa gente se habrán olvidado de mi y de darme consejos sobre cómo llevar mi vida y lo que debo o no debo hacer. Hoy vuelvo a escribir, a ver lo que me dura, espero que mucho. Hace poco me leí este libro y lo recomiendo a todos.

El libro La Buena Suerte es una fábula que va desgranando las claves de la buena suerte, las claves de la prosperidad. Es un cuento muy sencillo. El mago Merlín cita a todos los caballeros de un reino y les informa de que en el bosque encantado nacerá en el plazo de siete días un trébol mágico de cuatro hojas, que es el trébol de la suerte ilimitada; a quien lo encuentre le sonreirá la suerte durante toda su vida en los negocios, en la guerra o en el amor.De todos los caballeros, sólo dos aceptan el reto porque el bosque encantado es enorme, el trébol es diminuto y no hay ninguna pista. Uno de los caballeros viste de blanco y se llama Sid, que es la afirmación, el sí, mientras que el otro prefiere el negro y se llama Nott, que es la negación.La historia es muy sencilla y se lee en menos de una hora. Los caballeros van por el bosque encontrando toda una serie de personajes que son arquetipos muy deliberadamente escogidos (el agua, la piedra, la tierra, el árbol, la roca...), y cada uno va facilitando a los dos caballeros exactamente la misma información. Lo interesante es que reciben lo mismo, es decir, les dicen lo mismo cuando preguntan; aun así, la diferencia estriba en que el caballero negro sencillamente no hace nada, sino que espera a que otros le traigan la buena suerte, mientras que el caballero blanco, en cambio, va pensando qué tiene que hacer con esa información para que la buena suerte llegue.Es lógico imaginarse que, al final, el caballero blanco hallará el trébol. Sin embargo, no es así, no lo encuentra. Aunque no desvelaré el desenlace, sí puedo adelantar que al final hay un golpe dramático y una bruja que, como en todas las películas de Disney, pone la tentación. Creo que el final es lo que ha colocado el libro en más países, porque, si este libro terminara con que el caballero blanco encuentra el trébol, no lo habrían comprado en ningún país. Es un final muy revelador, muy sorprendente, que nadie espera.Voy a desgranar a continuación las diez reglas de la buena suerte y a ilustrarlas con algunos ejemplos reales de científicos, deportistas, proyectos empresariales, etc. Esos ejemplos irán apoyando cada una de las tesis, ya que realmente esto no es sólo una fábula de inspiración, sino que, por el contrario, La Buena Suerte es un libro basado en varios años de lectura y de observación.
La primera regla de la buena suerte establece que la suerte no dura demasiado tiempo porque no depende de uno, mientras que la buena suerte la crea uno mismo, por lo que dura siempre. Hay un dato muy revelador que salió en un reportaje de Informe semanal, de Televisión Española. Se trataba de un reportaje sobre varias personas a las que les había tocado la lotería y a las que, diez años después, volvían a visitar. Pues bien, el 90% de los premiados estaba arruinado, o peor que antes o igual que al principio; y, además, peleado con todas sus familias.Es decir, la suerte, aunque llegue, no dura. Precisamente la gente a la que le toca la lotería –que muchas veces es lo que todos deseamos– cae en la actitud de abandonarse al destino porque, cuando llueven muchos millones de golpe, lo que se piensa es que ya no merece la pena hacer nada, ya que realmente no hay nada que dependa de uno. Esto hace que se adopte una actitud de abandono merced a la cual se gestiona muy mal esa gran suerte y se empieza a depender sólo de la suerte.
La segunda regla de la buena suerte dice que muchos son los que quieren tener buena suerte, pero pocos los que decidimos ir a por ella.Aquí me gustaría hablar de cifras muy interesantes. Un estudio elaborado en Estados Unidos, fue realizado sobre 1.500 másters en administración de empresas. Se les preguntaba qué preferían: si ir primero en pos de su sueño y, después, ya cuando su sueño o lo que ellos deseaban se hubiera cumplido, dedicarse a ganar dinero, o primero ganar mucho dinero y, después, ya cuando tuvieran dinero, hacer lo que les gustaba.No sorprenderá que el 83% respondiera que primero ganar dinero y, con el dinero ganado, hacer lo que a cada uno le gustaba, y que sólo el 17% confesara que iría directamente a lo que era su sueño. Al cabo de veinte años, también en 1980, entre esos 1.500 MBA había 101 multimillonarios; además, al menos de esos 101 multimillonarios, 100 estaban en el grupo de los que habían dicho que primero irían a por su sueño y después, si acaso, ya pensarían cómo ganar dinero. Esto nos indica realmente que hay que ir a por lo que deseamos: eso es lo que trae la prosperidad (sea mucho o sea poco).
Vayamos con la tercera regla, que sostiene que, si ahora no tienes buena suerte, tal vez sea porque las circunstancias (tus circunstancias) son las de siempre. Para que la buena suerte llegue es conveniente crear nuevas circunstancias.Ahora bien, uno no puede crear nuevas circunstancias si no entiende muy bien en qué circunstancias está anclado. ¿Y por qué muchas veces nos quedamos anclados? Sucede que el pensamiento humano es principalmente reproductivo más que productivo, es decir, tiende a reproducir patrones que ya conoces para salir de las circunstancias actuales es fundamental valorar positivamente el error. Todos hemos recibido en herencia la educación propia de Occidente, que proviene de la tradición latina y griega, y que está fuertemente basada en la crítica: pensamos que, corrigiendo lo que está mal, algo está bien. Gran parte del pensamiento occidental proviene de esta herencia. Sin embargo, los errores son una fuente de aprendizaje riquísima. Todos tenemos mucho miedo a equivocarnos, cuando en verdad equivocarse resulta fundamental. Quien no se equivoca no prospera ni progresa. El error es la clave del cambio, y tenemos que pasar a amar los errores y a fijarnos en ellos.Entramos en la cuarta regla de la buena suerte. Afirma que preparar las circunstancias para la buena suerte no significa buscar sólo el beneficio propio, sino que crear circunstancias para que otros ganen también atrae la buena suerte, que no es más que compartir.Otro caso muy interesante es la cadena de supermercados Mercadona, que aplica de forma impresionante políticas de recursos humanos basadas en compartir. Por ejemplo, los 39.000 empleados están en plantilla, en nómina y con contrato fijo. Si un empleado muere, el cónyuge recibe el mismo salario de por vida. Los hijos, a los dieciocho años de edad, tienen derecho a un contrato de por vida al entrar en la empresa. Una de las políticas de la compañía es que todo el mundo viva a menos de quince minutos caminando, y tiene un departamento dedicado a tramitar y ayudar en el cambio de vivienda para que la gente disponga de tiempo para sus hijos. Y lo más sorprendente es que, cuando abren un nuevo supermercado, el local lo ponen a nombre de los empleados. Para pagarlo, piden un crédito y Mercadona firma un contrato de alquiler de veinticinco años pagando la renta media de aquella zona más medio punto, con lo cual la compra está garantizada. Los empleados que trabajan en esa tienda saben que, al cabo de veinticinco años, el local será suyo. Mercadona podría quedarse el local y obtener más beneficios, pero a través de esa forma de compartir está creando la cadena de supermercados nacional de mayor crecimiento en este país, superando a todas las multinacionales francesas.
Nos vamos ahora a la quinta regla, cuyo enunciado es el siguiente: si se deja para mañana la preparación de las circunstancias, la buena suerte quizá nunca llegue.Crear circunstancias requiere dar un primer paso, pero esta quinta regla nos obliga a algo más: hay que darlo precisamente hoy, es decir, no hay que postergar, sino perseverar. Algunos números, muy sorprendentes, revelan que la calidad es hija de la cantidad. Muchas veces, uno tiene el deseo de escribir un libro de poesía o de montar un pequeño negocio o de cualquier otra iniciativa, pero lo quiere hacer tan bien a la primera que eso lo bloquea. Cuando se analiza a las personas más célebres, a las que han hecho las obras más brillantes, se llega a la conclusión de que son individuos que han desarrollado una cantidad de creaciones totalmente brutal, y que fue la cantidad la que les trajo la calidad.
La sexta regla, enseña lo siguiente: "Aun bajo las circunstancias aparentemente necesarias, a veces la buena suerte no llega. Busca en los pequeños detalles circunstancias aparentemente innecesarias, pero imprescindibles". Hay que mimar el detalle. Muchísimos de los grandísimos descubrimientos de este siglo y del siglo anterior han llegado por pequeñísimos detalles que pasaban inadvertidos a muchas personas.
Abordemos la séptima regla, que señala que, a los que sólo creen en el azar, crear circunstancias les resulta absurdo, mientras que, a quienes se dedican a crear circunstancias, el azar no les preocupa. Muchas veces, cuando estamos ante un proyecto personal o profesional para muchas personas, puede resultar absurdo lo que estamos realizando. Y es muy curioso percibir que, cuando se habla con personas que están dentro de ese proyecto y que están muy convencidas, éstas no entienden que los otros lo vean absurdo.Hay un momento casi al final de la fábula de La Buena Suerte en el que los dos caballeros se encuentran en el bosque. El caballero blanco ha removido un poco la tierra por si acaso naciera ahí el trébol, y entonces el caballero negro se topa con él por casualidad. Es un punto del libro que a mucha gente le ha pasado muy desapercibido, pero resulta un momento clave porque, cuando uno está leyendo, piensa que el caballero blanco ya ha encontrando el trébol. Sin embargo, éste le dice al otro caballero que no tiene nada que temer y que tiene la tierra y que he hecho llegar agua porque, a lo mejor, nace ahí el trébol. Por su parte, el caballero negro no entiende nada y le pregunta si sabe realmente que ése es el sitio del trébol, a lo que el caballero blanco responde que no. Entonces el caballero negro lo tacha de chalado por pretender que ése sea el sitio donde va a nacer, sabiendo que el bosque es tan grande. En definitiva, le resulta totalmente absurda la posición del caballero blanco, quien, en cambio, dice que está haciendo lo que tiene que hacer. Y aunque durante los primeros días le parece un poco absurdo trabajar en un terreno donde no sabe si va a nacer el trébol o no, a medida que van pasando los días cada vez le preocupa menos.¿Qué lectura hay que hacer de la forma de pensar del caballero blanco? Creo que la siguiente: muchas veces, alcanzar la satisfacción plena consiste en poner el resultado dentro del proceso. Muchas veces nos volcamos demasiado en el resultado, es decir, según lo que obtengamos estaremos más o menos contentos.
Nos vamos a la regla número ocho, que sentencia que nadie puede vender suerte. La buena suerte no se vende. Hay que desconfiar de los vendedores de suerte. Todos tenemos tantas ganas de hacer realidad nuestros anhelos que siempre hay un tipo listo que te ve con tantas ganas de éxito o de lograr tu sueño que te lo pone en tus manos. Y te dice: "Yo tengo lo que tú necesitas para hacerte llegar hasta tu sueño". Y muchas veces caemos. ¿A cuántos de nosotros nos han dicho eso de "Tengo un negocio formidable. Sólo un millón de pesetas. No se lo digas a nadie. Es un gran negocio?". Y después te enteras de que uno se metió en él y lo perdió todo. Ésos son los vendedores de suerte. Ante eso, uno ha de tener fe y ha de perseverar en su sueño.
La novena regla mantiene que, cuando ya se han creado todas las circunstancias, hay que tener paciencia y no abandonar. Es decir, para que la buena suerte llegue, confía. Sobre esta regla se pueden poner ejemplos muy curiosos.Otro dato interesante nos lo proporciona la revista Forbes, donde leí unas entrevistas que mantuvieron con los principales millonarios americanos, a los que preguntaban cuántas veces se habían arruinado antes de hacerse millonarios. El número era sorprendente: antes de hacerse millonario, un millonario americano se arruina 3,75 veces. Es decir, lo pierden todo y vuelven a empezar 3,75 veces, aunque, eso sí, probablemente aprendiendo mucho de los errores.
La décima y última regla afirma que crear buena suerte es preparar las circunstancias a la oportunidad. Ahora bien, la oportunidad no es cuestión de suerte o de azar, sino que la oportunidad siempre está ahí. Evidentemente, esto es demasiado discutible para que yo lo pueda demostrar. Yo no puedo demostrar que el azar no existe: puede que yo salga de aquí y me caiga una piedra encima. Uno no puede negar el azar –de hecho, el azar es parte de la vida–. El riesgo es vida. Si estuviera todo predeterminado, sería horroroso; si supiéramos lo que va a pasar mañana, no tendría sentido vivir. He aquí la gran paradoja de la vida: saber que el azar es lo que nos da la vida, pero al mismo tiempo no cometer el error de abandonarnos a él.
Todas las ideas que he explicado hasta ahora pueden sintetizarse de esta forma: crear buena suerte consiste, únicamente, en crear circunstancias.